Psicología, Salud

Tienes un TOC y aún no lo sabes

Mucha gente tiene comportamientos obsesivo-compulsivos sin ser consciente de ello. Conoce los principales síntomas.

Es habitual que todos los días, antes de salir de casa, comprobemos que la luz está apagada o las ventanas cerradas. Sin embargo, las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), uno de los trastornos de ansiedad más comunes en nuestra sociedad, sienten la necesidad de verificarlo una y otra vez.

Esto es debido a que les asaltan pensamientos -también impulsos e imágenes mentales- no deseados, repetitivos y perturbadores, las llamadas obsesiones (si no compruebo que la luz está apagada, algo malo va a pasar). Saben que son absurdos, que no tienen sentido, pero, para que desaparezcan, acaban ejecutando esas ideas una vez tras otra, lo que les causa alivio. Estas acciones repetidas se denominan compulsiones y son la consecuencia de la obsesión.

Una de las obsesiones más habituales es el miedo a los gérmenes, lo que puede llevar al enfermo a la compulsión de lavarse las manos sin parar o a la de no tocar objetos. Además de la temática contaminación-limpieza, otras de las más comunes son las que tienen que ver con el orden y la simetría (personas que recolocan de forma constante los objetos) o las comprobaciones domésticas (la obsesión por aspectos como haber olvidado apagar la plancha, el horno, las luces, o haber dejado la puerta abierta).

De todos modos, no hay que confundir una manía con un ritual. La línea que los separa está en la necesidad imperiosa de actuar. Además, muchas veces las personas pueden presentar ciertos rasgos obsesivos -gente muy ordenada, a la que le gusta tenerlo todo siempre en su lugar, por ejemplo-, lo que no constituye un trastorno. Se puede hablar de él cuando la obsesión-compulsión interfiere de forma significativa en la vida diaria, cuando alguien gasta una pastilla de jabón en dos días o se tiene que levantar a las 4.00 de la madrugada para poder salir de su casa a las 08.00 de la mañana.

Origen y tratamiento del TOC

Esta enfermedad mental, que la Organización Mundial de la Salud incluye entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes, suele aparecer en la infancia, en cuyo caso tendrá un mejor pronóstico, o en los inicios de la etapa adulta. De no tratarse, puede llegar a dominar la vida de una persona y limitarla personal, laboral y socialmente. Y es que estas conductas reiteradas suelen ocupar más de una hora al día, aunque existen casos leves en los que estos rituales pueden llevar tan solo unos pocos minutos.

Tienes un TOC y aún no lo sabes

Aún no está del todo claro por qué aparece un TOC. Y aunque tiene una base genética importante, también se atribuye a un desequilibrio químico en el cerebro y a factores ambientales, concretamente a acontecimientos o situaciones puntuales en la vida de una persona que pueden actuar como desencadenantes: enfermedades propias o de un familiar, la muerte de un ser querido, un divorcio, una educación muy rígida en la niñez, algún trauma…

En cuanto a su tratamiento, tradicionalmente se han utilizado antidepresivos, pero siempre hay que ayudarse de una psicoterapia, con la que el paciente aprenda a pensar, actuar y reaccionar de un modo distinto, reduciendo su ansiedad, núcleo central de esta enfermedad. El tratamiento básicamente consiste en la exposición a lo que se teme, con la prohibición de realizar conductas de evitación. Cuando el paciente descubre que no pasa nada si no repite su conducta habitual, ya da el primer paso hacia su recuperación. Además, identificar el origen del conflicto puede prevenir que el síntoma se desplace o que reimita por un tiempo y vuelva a aparecer ante otra situación estresante.

Síntomas

Los síntomas del TOC varían de una persona a otra y pueden clasificarse en dos categorías distintas: obsesiones y compulsiones. Estos son algunos ejemplos de los síntomas obsesivos, aunque existen otros:

  • Sentirse excesivamente preocupado o innecesariamente responsable de otros.
  • Tener preocupaciones crónicas e irracionales sobre la suciedad y los gérmenes, o sobre contaminarse de alguna manera.
  • Experimentar impulsos agresivos. No obstante, estos impulsos suelen manifestarse como imágenes intrusivas en la mente del individuo, pero no siempre se convierten en acciones.
  • Imágenes inapropiadas, desagradables e indeseadas de carácter sexual y/o religioso.
  • Preocupaciones excesivas e irracionales sobre el orden, la disposición y/o la simetría de los objetos.
  • Pensamientos perturbadores de una naturaleza gráfica.

Entre los síntomas compulsivos, esas conductas atípicas que los individuos se sienten obligados a tener, a pesar de no querer hacerlo, figuran:

  • Arreglar los objetos constantemente.
  • Ingerir la comida en un cierto orden o siguiendo un determinado patrón.
  • Verificar irracionalmente y luego volver a verificar que se hayan realizado ciertas actividades, tales como comprobar repetidamente que una puerta esté cerrada con llave.
  • Acumular objetos (tener una dificultad extrema para desechar objetos, incluso si son inútiles o poco importantes).
  • Experimentar la imposibilidad de dejar de repetir ciertas frases.
  • Lavarse las manos una vez tras otra.
  • Limpiar en exceso.
  • Ser incapaz de dejar de realizar actividades repetitivas (por ejemplo, tener que encender y apagar la luz varias veces antes de salir de una habitación).