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Qué es el Síndrome de la Boca Ardiente

El Síndrome de la Boca Ardiente es un problema tan molesto para el paciente como complejo de tratar para los especialistas. Aprende más sobre este trastorno de salud bucodental.

El Síndrome de la Boca Ardiente (SBA), también conocido como glosodinia o estomatodinia, entre otros términos, es un trastorno bucal muy complejo que constituye todo un reto para los profesionales de la odontología. Se caracteriza por sensaciones dolorosas de ardor, picor, hormigueo e incluso adormecimiento de las mucosas bucales sin que en muchas ocasiones se evidencie lesión alguna en la exploración visual.

Esa sensación de quemazón suele localizarse con mayor frecuencia en la punta y en los laterales de la lengua, pero también puede afectar a los labios, las encías y al paladar.

Generalmente, los pacientes refieren que la sensación de ardor va acompañada de sequedad bucal o xerostomía e, incluso, de la disminución del sentido del gusto.

De intensidad variable, puede manifestarse durante solo unas semanas, pero también durante meses e incluso años. En cuanto a su prevalencia, es mayor en mujeres de entre mediana y edad avanzada.

Síndrome de la Boca Ardiente primario y secundario

Actualmente se habla de dos tipos de Síndrome de la Boca Ardiente, el primario o idiopático, en el que no se pueden identificar clínicamente alteraciones orgánicas locales a las que atribuir los síntomas, o el Síndrome de la Boca Ardiente secundario, para el que existe una causa conocida.

Entre los factores que pueden desencadenar un SBA secundario están las infecciones por bacterias u hongos, una mala higiene bucal, la anemia, la falta de vitaminas, la diabetes mellitus, los cambios hormonales o las enfermedades que provocan sequedad bucal, como el síndrome de Sjögren.

También pueden producir esa desagradable sensación de quemazón las dentaduras mal adaptadas o los hábitos parafuncionales (mordisqueo labial, lingual, yugal; movimientos compulsivos de la lengua; bruxismo, etc.).

La mucosa también puede reaccionar alérgicamente a determinados alimentos o, en casos excepcionales, al material de relleno de los empastes dentales.

En otros casos podría haber detrás factores psicológicos o psicosomáticos, aunque hay bastante controversia al respecto, al no estar claro si trastornos como la ansiedad, la depresión o el estrés provocan el dolor ardiente, o más bien son el resultado de que los pacientes no puedan digerir el sufrimiento y el estrés emocional que padecen por culpa del dolor. El SBA puede hacer que actos tan cotidianos como comer, dormir o charlar sean casi imposibles.

Cuando la sensación de quemazón se considera una enfermedad en sí misma porque no existe ninguna patología a la que se halle asociada, se habla entonces de Síndrome de la Boca Ardiente primario. Recientes estudios han encontrado evidencias de un posible mecanismo neuropático en su naturaleza, aunque se discute si es un mecanismo neural periférico o central.

Primera visita al dentista

Síndrome de la boca ardiente

En caso de notar la sintomatología del Síndrome de la Boca Ardiente, lo más aconsejable es acercarse en primer lugar a una clínica dental de confianza con el fin de que el odontólogo conozca la historia clínica del paciente y pueda explorar minuciosamente su boca y la mucosa de la lengua.

De observarse alteraciones del tejido visibles, como la presencia de puntos de una coloración anómala o puntos sin papilas (depapilados) en las zonas doloridas de la boca, el dentista podrá sospechar algunas de las posibles causas de las molestias.

En función del trastorno que se sospeche, es recomendable hacer otras pruebas diagnósticas como, por ejemplo, un análisis de sangre, pruebas de alergia o de flujo salival.

Indagar y lograr averiguar el motivo de estas sensaciones dolorosas de ardor bucal es fundamental, porque de ello dependerá el tratamiento posterior (medicación tópica, sistémica o intervenciones del comportamiento, pues no es el mismo para todos los pacientes) con el objetivo de poner fin a un trastorno tan molesto como complejo. No obstante, hay que tener en cuenta que, en muchos casos, dar con el diagnóstico acertado requerirá tiempo y paciencia.