Salud

Los viajes internacionales pueden ser peligrosos para la salud

Hace apenas un par de siglos, viajar era un lujo solo asumible por las clases aristocráticas. Poco después, con el desarrollo de los medios de transporte, viajar a lugares relativamente lejanos no solo se hizo más económico, sino más rápido, permitiendo a la sociedad más acomodada cruzar cada vez más husos horarios.

Actualmente, el viaje se ha democratizado de tal forma que cualquier persona puede viajar no solo a otro país, sino también a otro continente, dejando para el olvido de la historia manifestaciones como la de publicaciones como Quartely Review, que en 1830 advertían: «¡Qué puede ser más absurdo y ridículo que la perspectiva de que las locomotoras viajen dos veces más rápido que las diligencias!».

El efecto secundario de ir muy lejos

La confortabilidad y el bajo precio ha llevado a la gente a los rincones más remotos del planeta: los viajes internacionales son realizados cada año por más de 1.000 millones de personas en todo el mundo. Pero ello también se ha desarrollado nuevas patologías asociadas a esta nueva actividad.

Es lo que arroja un reciente estudio sobre viajeros finlandeses publicado en la Revista Eurosurveillance por Siikamäki y Cols. Así, los investigadores concluyen que existe un evidente mapa de riesgos diferenciados para el viajero según el área del mundo donde se viaje.

En términos globales, las infecciones fueron el episodio más frecuente (59.9%), seguido de las lesiones (14%), las enfermedades de la piel (5.2%) y los problemas musculo-esqueléticos (5.2%). Para obtener estos datos, los durante los años 2010 y 2012 la Organización SOS International recogió 50.710 episodios ocurridos a viajeros finlandeses entre más de los 14 millones de viajeros registrados.

Entre los 1.703.000 viajeros a España se produjo una incidencia de 98,3 enfermedades/100.000 dias de estancia (1 por cada mil días): el 15.1% de episodios fueron gastroenteritis agudas, con una frecuencia mayor en las Islas Canarias (21.4% del total de episodios).

Lo que sucede es que nuestro cuerpo y sus sistema inmune está aclimatados a un lugar en particular y, en cuanto nos trasladamos a lugares remotos, los sometemos a amenazas para las que no estamos preparados. Un efecto secundario que no deberíamos pasar por alto nuestras próximas vacaciones.

 

Riesgos durante el viaje

Además, pasar muchas horas sentados en el vuelo también pone en riesgo nuestra salud, de modo que no solo hay riesgos al viajar a otros lugares, sino que existe determinado riesgo mientras estamos viajando a ese lugar. Sobre todo en el caso de los largos viajes en avión.

Por ejemplo, según una investigación publicada en The New England Journal of Medicine, los vuelos más largos de 10.000 kilómetros o de más de 12 horas de duración suponen un riesgo de embolia pulmonar (obstrucción de la arteria pulmonar por un coágulo sanguíneo). Para llegar a esta conclusión, el estudio evaluó a más de 135 millones de pasajeros, sugiriendo que la incidencia de embolismo pulmonar alcanza casi los cinco casos por millón. Siendo las que más riesgo tienen las personas con factores de riesgo asociados como obesidad o problemas circulatorios pueden recibir un tratamiento preventivo. Otro de los grupos que más riesgo tienen de sufrir esta patología provocada por mantener la misma postura durante el vuelo son las mujeres embarazadas, según un estudio holandés reciente publicado en la revista Thrombosis Research.

 

Minimizando el impacto del viaje

Si debemos realizar una viaje largo a un lugar lejano hay una serie de recomendaciones esenciales para evitar los efectos adversos del mismo.

  • Se recomiendan los ejercicios flexores y extensores con las piernas y los pies, mover los tobillos y los dedos, y levantarse cada dos horas y pasear.
  • También hay que hidratarse bien, no llevar ropa ajustada y estirar las piernas.
  • Si vamos a estar mucho rato en un avión o en un coche, es mejor mantener las piernas en posición estirada antes que las rodillas en flexión. Si se desea dormir durante  el vuelo conviene hacerlo con las piernas estiradas y relajadas.
  • Beber abundante agua, y no tomar alcohol antes y después del vuelo, ni bebidas con cafeína, pues favorecen la deshidratación.
  • Realizar paseos de tres cuartos de hora como mínimo, a buen ritmo, tras la llegada de un viaje largo, a fin de reactivar la circulación.
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