Salud Dental

Mi experiencia con Invisalign: por qué decidí que era mi mejor opción

La ortodoncia con Invisalign desde el punto de vista de un editor de Muy Saludable.

En abril del presente año mi situación personal llegó a un punto en que debía tomar una decisión. Demasiado trabajo, demasiadas responsabilidades y obligaciones me llevaron a empezar a tener fuertes dolores de cabeza e incluso dolor en las mandíbulas, algo que no me había pasado nunca.

Decidí visitarme, además de con mi médico, con un dentista al que explicarle estos dolores para aprovechar de paso y hacerme una revisión. Allí me di cuenta, por las explicaciones del odontólogo, que podría estar apretando los dientes por la noche, lo que se conoce como bruxismo, de manera que el dolor de mandíbula luego se irradiaba hacia la cabeza e incluso el cuello. “Además, tienes la mordida cruzada y esto empeora un poco más la sensación”, me dijo.

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Le pregunté qué opciones tenía, y fue franco cuando me explicó que lo mejor para evitar el bruxismo por estrés es tratar de controlar las fuentes de estrés, de no llegar a la noche saturado para así tener un descanso más reparador.

Solucionar la mordida cruzada podría ayudar un poco

En cualquier caso, la mordida era cruzada y tenía un cierto apiñamiento en los dientes inferiores, de manera que mis dientes se estaban empezando a desgastar de un modo irregular y claro, con el tiempo, esto iría a más.

Así que aprovechando que tenía que empezar a hacer cambios en mi vida, que me había dicho lo del desgaste y que al ser la mordida cruzada podría ser peor en caso de apretar los dientes de noche, decidí que era un buen momento para utilizar ortodoncia por primera vez en mi vida: “Así además tendré por fin los dientes bien”, me dije a mí mismo.

¿Me pongo brackets o Invisalign?

Invisalign

Una vez tomada la decisión, podía hacer dos cosas: hacer uso de los brackets, que son el método más conocido y usado en la actualidad, o corregirlos mediante Invisalign.

Yo iba directo pensando que haría lo primero, básicamente porque no conocía la segunda opción, así que escuché atentamente lo que el odontólogo me explicó al respecto.

Él solía recomendarlo a la gente joven por una cuestión de estética (y yo tengo 37 años y aparento algunos menos, según dice la gente), básicamente porque se ven mucho menos que los brackets. Le pregunté en qué consistía, y me contó que son unos alineadores transparentes que se ponen en los dientes y que, aunque se llevan la mayor parte del día, se pueden retirar para lavarte los dientes y para comer (bien, para comer no es que se pueda, es que se debe).

El precio era mayor que los brackets, pero sinceramente, me daba bastante reparo el tema de sufrir llagas en la boca, así como tener que andar siempre retirando comida de los aparatos. Vamos, que me imaginaba sonriendo mostrando un trozo de comida enganchado en los brackets y la escena no me motivaba demasiado.

Una persona poco preocupada por su aspecto y mucho por su comodidad

Es cierto que todos nos preocupamos por nuestro aspecto. Mentiría si dijera que en el fondo no tenía ganas de tener los dientes bien. Pero fue solo un factor más a la hora de decidirme por utilizar ortodoncia: el desgaste, el dolor de mandíbula y el aspecto estético (si el estético fuera la única razón, yo ahora no estaría escribiendo esto).

Entonces, al no ser un problema grave para mí el tema de la posición de mis dientes, nunca antes había pensado en ponerme aparatos. Vamos, que pensaba en pasarme uno o dos años con ellos en la boca y la pereza alejaba rápidamente ese pensamiento de mi cabeza.

Pero al comentarme que con el Invisalign me evitaría en gran parte los roces, heridas y el rollo de la higiene, tuve claro que era la solución idónea para mí. Además, era bastante probable que la gente no se diera apenas cuenta de que lo llevabas.

Y así llegó el día de coger los moldes

Pasaron unas semanas y volví a verme con él, en la consulta, en el día en que todo empezaba. Tras hacerme varias fotos de frente y perfil, con la boca en diferentes posiciones y mordidas, me puso una pasta en cada una de las mandíbulas para coger los moldes y empezar a trabajar con mis dientes para estudiar las soluciones.

Según me contó, toda esta información viajaría a EE.UU., donde harían el estudio para luego temporalizar el tratamiento y ver cómo ir procediendo con cada alineador.

Un mes después volveríamos a vernos para explicarme cómo continuaría todo, pero esto lo explicaré en otro momento, que ahora mismo tengo que quitarme los cuartos alineadores del tratamiento, los que me puse ayer por primera vez, para ir a comer.