Salud Dental

Morderse las uñas perjudica a nuestros dientes

El hábito, manía o costumbre de “comerse las uñas” de forma continua, también llamado onicofagia es un trastorno obsesivo-compulsivo que puede darse a cualquier edad.

Este trastorno provoca una importante repercusión social en una sociedad donde se le da mucha importancia al aspecto externo. La persona que sufre de este hábito ha aprendido a asociar este gesto con algo que le tranquiliza y le libera de las tensiones.

Pero lo más importante no es sólo la repercusión social que tiene esta costumbre, sino que es un factor fundamental en la producción de caries dental y de lesiones graves de la dentadura con efectos a largo plazo.

Con este hábito se elimina la cutícula de la uña, que tiene una función protectora, pues se encarga de resguardar a la uña y al tejido que la rodea de traumatismos y de posibles infecciones que se pueden transmitir a la cavidad oral. Las bacterias, virus y hongos que están normalmente en nuestras manos y uñas, con el acto de morderse las uñas, donde los dedos se chupan y se introducen en la boca continuamente, sin lavárselas, es entonces cuando la infección pasa a la boca.

Además, todos sabemos que las uñas son duras, así que cuando las muerdes provocas un exceso estrés a tus dientes y encías, lo que podría resultar en la rotura de los dientes y enfermedades periodontales que pueden llegar también a conllevar la pérdida de dientes.

Si ya se ha provocado un daño en los dientes, lo primero que debemos hacer es pedir ayuda profesional para acabar con el hábito y, en segundo lugar, acudir al dentista para que pueda tratar la afectación de tu dentadura, o al periodoncista si son las encías las que están afectadas.

El tratamiento de este problema requiere una actuación precoz con el fin de evitar que se cronifique. De hecho, cuanto más pronto se detecte más fácil será controlarlo, bien mediante medidas disuasorias, con la reversión de hábitos o con terapias cognitivo-conductuales, de forma que el afectado lleva a cabo una serie de conductas que le ayudan a realizar algo diferente en ese tipo de situaciones. Por ejemplo, si se las come cuando está ansioso, se le enseña a poner en práctica alguna técnica de relajación, enseñándole a controlar el pensamiento y algunas técnicas con el fin de que aprendan a realizar una actividad que sea incompatible con el hábito. Si no se ha conseguido con estas medidas, ocasionalmente, es necesario utilizar algunos fármacos como los antidepresivos que pueden tener su utilidad en diferentes momentos de este problema. Lo que sí que no son efectivos son los tratamientos a base de productos tópicos que tienen la función de hacer desagradable el acto de mordérselas, pero realmente acaban acostumbrándose al sabor, por lo que fracasan.