Prevención, Salud

Cómo saber el daño producido por un ictus: los ictus leves

Qué pruebas y síntomas existen para saber qué daño se ha producido por un ictus en casos de ictus leves. Descubre qué daño cerebral puede producir.

El ictus es la segunda causa de mortalidad más frecuente en España, por detrás de las enfermedades cardiovasculares, y la primera en el caso de las mujeres; por eso es muy importante que sepamos reconocer los síntomas que lo acompañan para poder actuar rápidamente en caso de que se produzca. Los ictus leves, con una menor duración y daños menos graves, son aun así emergencias médicas que pueden tener secuelas a corto y medio plazo.

¿Qué es un ictus leve?

Un ictus leve o isquémico transitorio (conocido también por sus siglas AIT) es un pequeño infarto cerebral de escasa intensidad y duración. El ictus leve se produce cuando se detiene el flujo de sangre y oxígeno a una parte del cerebro por un breve período de tiempo, y los síntomas suelen durar entre una y dos horas.

Los síntomas del ictus leve

Los síntomas que nos indican la aparición de un ataque isquémico transitorio son generalmente los mismos que acompañan al ictus, y es muy importante que sepamos identificarlos para actuar con rapidez ante ellos:

  • Debilidad, entumecimiento o parálisis de uno de los lados del cuerpo: si el ictus leve afecta a la zona derecha del cerebro, los síntomas se harán visibles en el lado izquierdo del cuerpo y viceversa.
  • Dificultad del paciente para hablar o para comprender lo que se le dice.
  • Pérdida total o parcial de la visión.
  • Vértigos, desequilibrios o descoordinación.
  • Dolor de cabeza muy intenso que aparece de repente y de forma puntual.

Si advertimos alguno de estos síntomas es importante no esperar a que se pase solo y, o bien avisar a los servicios de urgencia llamando al 112, o bien acudir al hospital más cercano. Reaccionar a tiempo frente a un ictus leve es de vital importancia, ya que en aquellas personas que han sufrido un ataque isquémico transitorio se elevan las posibilidades de sufrir un ictus en los siguientes días o semanas (el riesgo de sufrir un ictus puede llegar a elevarse hasta un 8-12% en el siguiente año).

El ataque isquémico transitorio es una emergencia médica, y no se debe esperar a que haya un nuevo episodio para comenzar el tratamiento y para tomar las medidas de prevención pertinentes.

Las causas del ictus leve

ictus leve

Entre las causas del ictus leve podemos encontrar la trombosis cerebral (debido a un coágulo de sangre o trombo que se forma en la pared de una arteria, impidiendo el paso de la sangre a una zona del cerebro) y el ictus hemodinámico (menos frecuente que los anteriores, y debido a un descenso de la presión sanguínea causado por una parada cardíaca, una arritmia o hipertensión arterial severa y mantenida).

Los ictus hemorrágicos son menos frecuentes que los anteriores, pero tienen una tasa de mortalidad mayor: se producen debido a la rotura de algún vaso sanguíneo que provoca una hemorragia.

Una de las causas más frecuentes del ictus es la hipertensión arterial mantenida en el tiempo, por lo que el control regular de la presión arterial en pacientes hipertensos es una de las mejores formas de prevenir la aparición de un ictus. El síndrome metabólico también está relacionado con la aparición del ictus: el exceso de grasa abdominal, la resistencia a la insulina, los bajos niveles de colesterol HDL (colesterol “bueno”) y los niveles altos de triglicéridos, junto con la hipertensión, son las características de este síndrome.

La buena noticia es que podemos mantener controlada la hipertensión y el síndrome metabólico con cambios en nuestro estilo de vida: llevar una dieta equilibrada y adecuada a nuestras necesidades, integrar el ejercicio físico dentro de nuestro día a día y llevar un control de nuestra presión arterial pueden ayudarnos a prevenir la aparición del ictus.

¿Qué daños y secuelas puede producir un ictus leve?

Aunque los ictus leves son transitorios y no revisten la misma gravedad que el ictus en sí, debemos ser conscientes de que son una señal de alerta de nuestro cuerpo: es posible que después de un ataque isquémico transitorio se produzca un ictus en los siguientes días o semanas. La falta de riego del cerebro, aunque sea por un tiempo escaso, puede tener consecuencias sobre la movilidad (generalmente en forma de falta de fuerza o pérdida de control del movimiento), sobre la visión, sobre el lenguaje o sobre la sensibilidad.