Prevención, Salud

¿Qué quieren decir los médicos cuando pronuncian “ictus”?

Esta patología cerebrovascular es la segunda causa de muerte en hombres en España y la primera entre las mujeres.

Cada año entre 110.000 y 120.000 personas se ven afectadas por un ictus en España, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), lo que convierte a esta patología cerebrovascular en la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres, después del cáncer. Además, supone el mayor motivo de incapacidad de adultos en nuestro país.

¿Qué es un ictus?

“Al ictus lo define la pérdida de una función cerebral (hablar, sentir, movilizar, comprender, caminar…) como consecuencia de la obstrucción de la arteria cerebral encargada de irrigar la zona del cerebro en que está esa función (ictus isquémicos) o por la rotura de esas mismas arterias (ictus hemorrágicos)”, explica el doctor Valentín Mateos, especialista en Neurología.

Actualmente, más de 300.000 españoles presentan alguna limitación en su capacidad funcional tras haber sufrido un ictus. Déficits motores, sensitivos, visuales o trastornos del habla (afasia) son las secuelas estadísticamente más habituales en los pacientes que sobreviven a un ictus. De ellos, el 40% se ve imposibilitado para realizar las actividades cotidianas, recuerda la SEN.

Los primeros síntomas

Estas secuelas pueden reducirse drásticamente si se actúa con urgencia, dentro de las primeras 4,5 horas. Para ello, es fundamental conocer los síntomas. “La presentación clínica de un ictus puede ser muy variada, pues la sintomatología que aqueja al paciente va a depender de la zona cerebral afectada”, señala el doctor Valentín Mateos. No obstante, enumera seis formas de presentación muy frecuentes:

  • Pérdida repentina de fuerza en cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo.
  • Alteración repentina de la sensibilidad (adormecimiento) en cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo.
  • Pérdida súbita de la visión de uno o ambos ojos.
  • Dificultad brusca para hablar, expresarse o comprender.
  • Dolor de cabeza brusco de muy alta intensidad y sin causa aparente.
  • Inestabilidad, desequilibrio e incapacidad para la marcha de presentación brusca.

¿Cómo actuar ante las señales de alarma?

Ante la primera sospecha de ictus, se debe acudir al hospital más cercano o llamar a los servicios de urgencias e indicar que cree que está ante un caso de ictus. Así, el personal de emergencias activará el llamado CÓDIGO ICTUS para conseguir que el paciente llegue al hospital lo antes posible y puedan tomarse las medidas terapéuticas pertinentes. “Desde que existe este código son muchas las personas que han sobrevivido a un ictus y, no menos importante, las que han quedado sin secuelas o con secuelas mínimas”, asegura el doctor Mateos.

Tal como destaca la SEN, “si un paciente que ha sufrido un ictus es atendido por un neurólogo en las primeras horas, la probabilidad de fallecer o quedar con una discapacidad grave se reduce a la mitad”. Incluso si los síntomas desaparecen a los pocos minutos, es necesario acudir rápidamente a un centro hospitalario o llamar a los servicios de urgencias porque puede ser un aviso de que algo más definitivo puede ocurrir en breve.

A pesar de que las posibilidades de padecer un ictus aumentan considerablemente a partir de los 60-65 años, y de que con el envejecimiento va incrementándose de forma progresiva la posibilidad de sufrirlo, cualquier persona puede tener un ictus, jóvenes y mayores, aunque hasta ese momento se haya disfrutado de una vida plena. De hecho, en los últimos 20 años ha aumentado un 25% el número de casos de ictus entre las personas de 20 a 64 años, según la SEN.

El ictus

¿Cómo prevenir un ictus?

“La prevención está a disposición de todos nosotros”, afirma el doctor Mateos, y las principales medidas podrían resumirse en los siguientes puntos:

  • Seguir una dieta rica y saludable, baja en sal y grasas.
  • Realizar actividad física de forma regular.
  • Controlar el peso, la presión arterial y los niveles de azúcar y colesterol en sangre.
  • Si es el caso, abandonar el hábito de fumar y reducir el consumo de alcohol a límites moderados.
  • Controlar el pulso de forma regular y, en caso de apreciarse rápido o con palpitaciones en situación de reposo, consultar al médico.

“Este conjunto de medidas constituye lo que se conoce como prevención primaria, esto es, lo que podemos hacer antes de haber sufrido un ictus. De haberlo pasado, además de estas medidas, estarán también las farmacológicas, para intentar evitar que se repita”, apunta Mateos.

Según la SEN, estudios recientes señalan que más del 90% de los ictus están en relación directa con los factores de riesgo de hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardiacas, colesterol alto, apnea del sueño, obesidad, tabaquismo, abuso del alcohol, sedentarismo y estrés. “Dicho de otra forma, con la adecuada corrección y tratamiento de los factores de riesgo se podría reducir más del 90% de los ictus”, subraya Mateos.

Tipos de ictus

Aunque de esto hablaremos extensamente en próximas entradas, es importante explicar que no todos los ictus son iguales, y es que pueden clasificarse en dos tipos:

  • Ictus isquémico: es el más frecuente, y sucede cuando una arteria cerebral queda taponada impidiendo que siga habiendo riego sanguíneo en esa zona. Al no poder pasar la sangre, esa parte del cerebro se queda sin nutrientes ni oxígeno y empieza a verse afectada. De no resolverse enseguida, se produce un infarto cerebral, que es la muerte de esos tejidos y que produce las diversas consecuencias que pueden derivarse de un ictus.
  • Ictus hemorrágico: es mucho menos frecuente que el anterior, y tiene como causa la rotura de una arteria cerebral. Puede suceder por hipertensión en dicha arteria o por alguna malformación, y lo que pasa en este caso es que, al romperse la arteria, la sangre deja de llegar a las células cerebrales, que se ven afectadas por la carencia, y se produce una hemorragia que a su vez puede comprimir esa zona del cerebro, dañándolo igualmente por ello.