Prevención, Salud

¿Cómo se puede prevenir un ictus?

Un número importante de ictus se podría evitar mediante el control de los factores de riesgo. Llevar una dieta sana, hacer ejercicio y controlar el peso, el colesterol, la tensión arterial y el azúcar son algunas medidas clave.

Cada vez hay más concienciación sobre qué es un ictus, los tipos de ictus –hemorrágico e isquémico-, cuáles son sus síntomas, la relevancia de tratarlo con urgencia y los problemas que acarrea tener un episodio de accidente cerebrovascular. Pero, como dice el refranero español, es mejor prevenir que curar. El Día Mundial del Ictus, que se celebra el 29 de octubre, es un buen momento para desgranar las medidas o las acciones que podemos realizar cada uno para reducir las posibilidades de tener un ictus.

Consulta, tratamientos y pruebas

Factores de riesgo

Se calcula que uno de cada seis españoles padecerá un ictus a lo largo de su vida, una cifra que podría reducirse si se previenen estos episodios. De hecho, el Observatorio del Ictus estima que es posible llegar a evitar hasta el 80 % de los casos de ictus si se controlan los factores de riesgo que desencadenan estos eventos.

Sin embargo, hay investigaciones que apuntan que menos de un tercio de los pacientes que ha sufrido un ictus isquémico -el tipo más común de accidente cerebrovascular- tenía los factores de riesgo bajo control. Por ello, lo primero que hay que hacer es conocer dichos factores de riesgo.

La Fundació Ictus explica la existencia de dos tipos de factores de riesgo: modificables y no modificables. Veamos en qué consiste cada uno.

Modificables

Presión arterial

Son factores de riesgo para un ictus que todos podemos modificar, evitar, regular y controlar, generalmente, con cambios en el estilo de vida. Los principales son:

  • Alcoholismo: tombar bebidas con alta graduación de alcohol es perjudicial y su efecto sobre el ictus depende de la dosis. El consumo elevado se vincula con mayor riesgo de padecer un accidente cerebrovascular.
  • Colesterol: un exceso de este tipo de grasa en la sangre puede depositarse en las paredes de las arterias y formar placas, que conllevan a la aparición de patologías vasculares, entre ellas el ictus.
  • Diabetes: esta enfermedad eleva el riesgo de sufrir un ictus entre 2 y 4 veces, sobre todo la diabetes tipo 2. Incluso, la intolerancia a la glucosa o resistencia a la insulina elevan el riesgo de enfermedad arterioesclerótica de los vasos. El grado de resistencia a la insulina está relacionado de manera directa con el aumento de ictus. En estos casos y en el de la diabetes, la incidencia de ictus es mayor en mujeres.
  • Hipertensión: la presión arterial elevada provoca un endurecimiento de las arterias, que se vuelven más gruesas, dificultando el paso de la sangre y elevando el riesgo de rotura. Todo ello puede llevar a hemorragias cerebrales.
  • Obesidad: se calcula que la obesidad incrementa entre 1,4 y 2,5 veces el riesgo de sufrir un ictus, con un incremento del riesgo por cada punto que sube el índice de masa corporal (IMC).
  • Sedentarismo: según un estudio estadounidense, un tiempo prolongado de inactividad física afecta negativamente a la salud del corazón y los vasos sanguíneos, independientemente del ejercicio que se haga luego. Por ello, es fundamental llevar una vida activa. El sedentarismo eleva el riesgo de arterioesclerosis e hipertensión, ambas muy vinculadas al ictus.
  • Tabaquismo: el número de cigarrillos que se fuman está directamente relacionado con el riesgo de ictus. Las personas que fuman más de 20 cigarrillos al día tienen el mayor incremento del riesgo de padecer un accidente cerebrovascular. Según explica la Federación Española de Daño Cerebral, distintos estudios señalan a la nicotina, los gases oxidantes y el monóxido de carbono que componen el tabaco como culpables de la relación directa entre fumar y mayor riesgo de ictus.

No modificables

Hay ciertas características de las personas que no se pueden cambiar y que elevan el riesgo de sufrir un ictus. Una de ellas es la edad, es decir, que conforme cumplimos años aumentan las posibilidades de padecer un evento cerebrovascular isquémico o hemorrágico, con un incremento del 9 por ciento por año en los hombres y del 10 por ciento por año en el caso de las mujeres.

La raza o la etnia también influyen en las posibilidades de sufrir un ictus. Las personas de raza negra y aquellas de origen latinoamericano registran más incidencia y mortalidad por ictus frente a otras razas, como los blancos. Todavía no se sabe si estas divergencias se deben a cuestiones genéticas, del medio ambiente o una mezcla de ambas.

La genética también parece jugar un papel en el desarrollo de un ictus, con un 35 por ciento de los casos con causas desconocidas que se achacan a los factores genéticos. No obstante, este punto permanece todavía algo oscuro tanto en la investigación del ictus como en la práctica clínica.

Medidas para prevenir un ictus

Dieta saludable

Teniendo en cuenta los factores de riesgo implicados, hay que centrarse en los que son modificables para evitar sufrir un accidente cerebrovascular. Las principales acciones para prevenir un ictus son:

  1. Llevar una dieta saludable: la alimentación debe ser variada, rica y saludable, centrada especialmente en comidas con poca sal y bajas en grasas. Frutas, verduras y cereales de granos enteros, además de pescado no pueden faltar en una alimentación para que sea sana.
  2. Hacer deporte: es importante realizar ejercicio de forma regular y para proteger frente al ictus basta con que sea de manera moderada. De hecho, con caminar una hora al día resulta suficiente para prevenir el ictus; aunque nunca está de más hacer más deporte.
  3. Controlar el peso: hay que intentar no tener sobrepeso ni, por supuesto, obesidad. Por ello, es fundamental mantener bajo control los kilos, tomando medidas en cuanto suben los números de la báscula al pesarnos. Para mantener un buen peso, es fundamental un balance energético, es decir, que la cantidad de calorías que consumimos y que gastamos sea la misma. En el caso de tener que bajar kilogramos, el ejercicio y la dieta son claves para reducir el peso y no engordar.
  4. Dejar de fumar: abandonar el consumo de tabaco está entre los requisitos indispensables para evitar sufrir un ictus. A los 15 años de haber dejado el hábito, el riesgo de desarrollar una enfermedad vascular se iguala al de las personas que nunca han fumado.
  5. Vigilar la tensión: la presión arterial debe mantenerse en los límites considerados saludables, pues la hipertensión es uno de los principales factores de riesgo para sufrir un accidente cerebrovascular. Es importante medirse la tensión de vez en cuando para ver que está dentro de los rangos saludables y, de lo contrario, actuar para bajarla, bien con dieta, reducción del peso, ejercicio y medicación, si el médico lo considera oportuno, entre otras medidas. Los valores óptimos de presión sanguínea son 120 mmHg (presión asistólica) y 80 mmHg (presión diastólica).
  6. Revisar el colesterol: asimismo, tener unos niveles de colesterol saludables es clave para no padecer un ictus. Se consideran niveles elevados de colesterol (hipercolesterolemia) los superiores a 200 mg/dl. Si tenemos el colesterol elevado, hay que recurrir a la dieta, el ejercicio y, en algunos casos, medicación.
  7. Examinar los niveles de azúcar: la cantidad de azúcar en sangre debe estar también dentro de los valores saludables y recomendados por las autoridades sanitarias y los especialistas. En el caso de los diabéticos, hay que seguir fielmente el tratamiento para que no haya episodios de hiperglucemia.
  8. Reducir el consumo de alcohol: el consumo de alcohol debe ser moderado e, incluso, dejarlo por completo en los casos en los que hay uno o varios factores de riesgo de sufrir un ictus.
  9. Medir el pulso: evaluarse con regularidad el pulso resulta muy relevante para determinar el riesgo de ictus. Cuando se detectan palpitaciones fuertes y rápidas sin haber realizado ejercicio, se aconseja acudir al médico.
  10. Reducir el estrés: llevar una vida sosegada y no agobiarse por los problemas también tiene efectos preventivos, puesto que se ha detectado un lazo entre los niveles elevados de estrés y los casos de ictus.

Ejercicio físico

Seguir estos consejos puede ayudarte a reducir considerablemente el riesgo de sufrir un ictus, pero también a tener menos peso, a poseer unos buenos niveles de los principales factores de distintos tipos de patologías, como las enfermedades cardíacas; a sentirte mejor en general y notar mejorías en tu calidad de vida.