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Implantes mamarios o de senos modernos

Las prótesis de gel de silicona de alta cohesividad son las que, en la actualidad, ofrecen mayores garantías.

Las operaciones de aumento de pecho no son nada nuevo y se vienen practicando, al menos, desde 1895, cuando el médico checo Vincenz Czerny realizó la primera descripción de una cirugía de estas características utilizando el propio tejido adiposo femenino. Sin embargo, no fue hasta 1962 cuando se contó con una técnica fiable al surgir los primeros implantes mamarios de silicona en Estados Unidos. Desde entonces, millones de mujeres en todo el mundo se han sometido a operaciones de aumento de pecho. En España, son las intervenciones de cirugía estética más demandadas. Cada año se llevan a cabo unas 16.000, según datos de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE).

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Aunque en esencia la idea sigue siendo la misma, en estas décadas los implantes han evolucionado mucho, sobre todo en calidad y seguridad. Los de última generación son de suero fisiológico y de gel cohesivo, infinitamente más seguros, a decir de los especialistas, que los que se utilizaban hace años, como los tristemente famosos PIP franceses, unas prótesis con gel de silicona de mala calidad que se rompían con facilidad, con el riesgo que eso conlleva para la salud de la paciente.

Cómo son los implantes mamarios

Los implantes de gel de silicona de alta cohesividad son los que, en la actualidad, ofrecen unas mayores garantías a las mujeres que se plantean pasar por el quirófano con un objetivo estético.

En primer lugar, cuentan con una superficie rugosa que disminuye el peligro de sufrir una de las principales complicaciones derivadas de este tipo de intervenciones: la contractura capsular, conocida popularmente como ‘capsulitis’, que es el endurecimiento de la cápsula o membrana fibrosa que el cuerpo origina de forma natural ante un elemento -el implante- que el organismo considera extraño y no puede destruir. Cuando la cápsula se desarrolla en exceso, ejerce tensión sobre los tejidos vecinos y endurece el seno, que puede llegar a deformarse.

Además de la contractura capsular, los implantes de gel de silicona de alta cohesividad reducen al mínimo otras complicaciones que pueden aparecer como fugas o rotura del implante. La calidad del gel del que están rellenos hace muy difícil su quiebra y, en caso de ocurrir, al ser más denso, asegura prácticamente su permanencia dentro de la cubierta, sin migrar a otras zonas del cuerpo de la paciente. Además, se consigue un resultado más natural tanto a la vista como al tacto.

En cuanto a los implantes de suero fisiológico, si estos se desgarran y hay un escape, este se reabsorbe sin problemas para el organismo. Tienen una duración de 10-12 años, lo que obliga a cambiarlos porque se acaban estropeando, aunque la rotura sea inocua.

Precauciones ante los implantes de senos

Implantes mamarios o de senos modernos

Las prótesis de gel cohesivo pueden durar décadas e incluso toda la vida, pero también un solo año -algo improbable-, porque son muchos los motivos por los que puede deteriorarse un implante. Los fabricantes de prótesis mamarias ofrecen garantías, algunos de por vida, pero esto no significa que los implantes no se vayan a rasgar, sino que quiere decir que el fabricante se compromete a reemplazarlos por otros iguales o de similares características en caso de rotura.

Por ello, toda mujer que desee aumentar el tamaño de sus pechos con prótesis mamarias, debe tener claro que puede que en un futuro tenga que someterse a una nueva intervención para sustituirlos. Así, aunque las prótesis actuales sean muy seguras, es importante realizar controles de manera regular para detectar precozmente cualquier complicación que pudiera surgir.

Millones de mujeres son portadoras de implantes mamarios sin perjuicio alguno. La clave está en que la paciente esté bien informada, el procedimiento lo realice un buen especialista, el implante empleado sea de buena calidad y se lleven a cabo los seguimientos oportunos. En manos expertas, una resonancia magnética detecta el desgaste de los implantes con una eficacia muy elevada.