Salud Dental

Por qué ir al dentista nos parece tan caro

A pesar de las ventajas que supone contratar un seguro dental, a muchos consumidores los tratamientos dentales les parecen demasiado caros.

Con un seguro dental hay muchos tratamientos sin coste y se puede ahorrar hasta un 40% del coste final. Estos tratamientos sin coste ayudan a que el paciente pueda acceder a la odontología, y se beneficie de una salud bucal más asequible. Los tratamientos sin coste son los siguientes:

  • las revisiones y las pruebas diagnósticas, como las radiografías
  • las extracciones dentales
  • las higienes dentales
  • las fluorizaciones, además de otros más

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Tecnología costosa

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La razón de estos precios no es otra que los costes de la tecnología empleada. Los sofisticados materiales y la infraestructura de las clínicas dentales son muy caras de adquirir y mantener. Por ejemplo, un sillón de dentista cuesta de media 30.000 euros. A ello hay que añadir la mano de obra y otras variables que encarecen las consultas, como los materiales utilizados (las fresas, el material esterilizable, el material desechable, etc.), así como el mantenimiento de todos los sillones y de todos los materiales.

También debemos tener en cuenta que un buen profesional no hace dientes en serie, ni debe atender a todos los pacientes del mismo modo, sino que adecua cada trabajo a cada paciente en concreto, dedica el tiempo que requiere cada uno de ellos y se está formando continuamente.

Este factor, en un país donde el ciudadano está acostumbrado a que la sanidad sea gratuita (debido a la amplia cobertura que ofrece el sistema público) es determinante a la hora de contribuir al descuido de las citas con el dentista y a la percepción de que hay que pagar mucho por los tratamientos.

Paralelamente, un reciente informe de FACUA informaba sobre las discrepancias en el coste de acudir al dentista en función del lugar de residencia. Sin embargo, tanto la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) como el Consejo General de Dentistas han cuestionado este informe, pues ha sido realizado sin tener en cuenta aspectos como la experiencia, la formación, la capacidad y la destreza de los diferentes profesionales evaluados, así como la calidad de los materiales y la tecnología utilizados o las prestaciones y servicios de valor añadido que ofrece la clínica al paciente.

Círculo vicioso

Según los expertos los precios bajarían si todos pasáramos habitualmente revisiones periódicas, pues se evitarían muchas intervenciones costosas. Al tener la percepción de que el precio es elevado, muchas personas retrasan sus visitas periódicas al dentista, lo que origina problemas bucodentales más graves y, en consecuencia, más costosos, en un círculo vicioso en el que, en vez de ahorrar, se gasta más dinero al final.

Esta dejación puede estar motivada precisamente por los precios, pero también hay otros factores psicológicos a tener en cuenta: a menudo los asuntos bucodentales se consideran por muchos pacientes como un capricho del que pueden prescindir, pues tienen un fin estético por encima del sanitario. Una creencia infundada, pues la salud bucodental afecta también a la salud en general.

Por ejemplo, las caries constituyen una puerta de acceso para algunos patógenos que agravan patologías ya existentes. Ciertas bacterias de la placa elevan el riesgo cardiovascular. Algo semejante ocurre con alteraciones respiratorias y problemas renales.

Finalmente, cabe advertir que el odontólogo es quizá uno de los pocos especialistas capacitado para detectar el cáncer de boca en fase temprana y, por tanto, curable.

Sea como fuere, se prescinde de la asistencia adecuada y ello empeora la salud bucodental además de encarecer el servicio. Es lo que los dentistas llaman el síndrome del diente tratado: una pequeña caries conlleva un empaste o una endodoncia que puede acabar siendo una corona, un puente o incluso un implante por la caída de la pieza original.

Como si se tratara de un coche, nuestra boca necesita mantenimiento y reparaciones: la usamos 24 horas al día, todos los días, durante toda nuestra vida. Al igual que un coche, cuanto más deficiente sea este mantenimiento, las averías acabarán siendo más costosas.