Salud Dental

Mi experiencia con Invisalign: cómo es la adaptación a los alineadores

Por qué estuve a punto de abandonar la ortodoncia invisible en los primeros días.

Hace algunas semanas os conté cuáles fueron las razones por las que a la hora de intentar corregir mi dentadura escogí la ortodoncia de Invisalign. Me convenció el hecho de poder quitarme los alineadores para comer, así como para limpiarlos correctamente sin que hubiera riesgo de dejarme restos de comida; y me gustó, aunque no era prioritario para mí, la posibilidad de que apenas se notara que llevaba ortodoncia.

Por otro lado, me daba un poco de miedo que si escogía los brackets me hicieran daño en la boca de algún modo, así que esto de llevar unos moldes me parecía estupendo. Algo más caro en cuanto a precio, pero más relajado en lo que a curas y cuidados de mi boca se refiere.

Cómo es la sensación de llevar ortodoncia invisible

Tras el estudio pertinente de mis dientes, el odontólogo me citó para mostrarme en un ordenador, en una imagen tridimensional, el proceso que iba a sufrir mi boca. Me gustó mucho reconocer mi dentadura en la pantalla y ver cómo iba evolucionando semana a semana en su animación de ordenador, hasta llegar a un punto en que me parecía increíble que llegaran a estar así de bien.

Es decir, en ese momento sentí una mezcla de esperanza, ilusión e impaciencia; con ganas de empezar y llegar al punto final en que los dientes estuvieran ya de esa manera.

Pero aún pasaron unos días más hasta que por fin me entregaron los primeros alineadores. Según me comentó el odontólogo, los dos primeros moldes hacían una corrección muy leve, pues el objetivo era que no me molestaran mucho, que me fuera acostumbrando a su uso y a la rutina diaria de llevarlos.

Y así llegó el momento en el que por fin me los puso en mi dentadura. Encajaron bien, aunque al fijarlos noté ya las fuerzas que ejercían en diferentes direcciones para empezar a solucionar poco a poco la mordida cruzada. Es difícil explicar la sensación, pero sería como si con tus propios dedos intentaras forzar continuamente a tus dientes a estar en otra posición: una presión suave pero constante.

También se me hizo extraño el no saber muy bien cómo poner la lengua. Al no estar en contacto con los dientes, como de manera habitual, tendía a echarla hacia atrás para que no chocara con el material que recubría todos mis dientes. Pero esto me duró poco, en pocos días lengua y moldes se hicieron buenos amigos.

Por qué estuve a punto de abandonar la ortodoncia invisible

Invisalign

Todo iba bien hasta que por la noche me dispuse a comer un pequeño bocadillo que me había preparado. Me quité los alineadores, los enjuagué con un poco de agua bajo el grifo y los metí en una de las cajitas que me dieron para guardarlos provisionalmente. Al ir a dar el primer bocado vi las estrellas, el sol y la luna orbitando a mi alrededor. Intenté morder de nuevo, y el dolor volvía a aparecer punzante en los dientes: “¡No puedo comer!”, le dije a mi mujer, que me miró desconcertada. ¡Y sólo habían pasado unas horas! Me desesperó un poco pensar que tenía que estar año y medio así.

Por suerte, poco a poco, pude ir mordiendo el pan y pude avanzar con la cena, para demostrarme a mí mismo que sí, que al principio molesta un poco morder, pero al rato se pasa un poco.

Al día siguiente coincidió que tenía que viajar para dar una conferencia, y sucedió algo que no esperaba: al hablar con gente más de lo habitual, aparecieron roces y heridas en la lengua y en la cara interna del labio inferior. Heridas que los alineadores seguían tocando cada vez que yo hablaba.

“¡Qué dolor! Y sólo es el primer molde… y sólo es el primer día. Yo esto lo dejo”, pensé. Sin embargo pronto recordé que ya había pagado casi la mitad del tratamiento corrector y eso me echó atrás, mientras pensaba aquello de “Ahora entiendo por qué me cobraron tanto para hacer el estudio de la boca… de no ser así, abandonaría”.

Por qué tuve que limar los alineadores Invisalign

Me los quité para sobrevivir ese día, de manera que al día siguiente el dolor de las heridas de la boca había remitido bastante; recordé que la higienista me había dicho que el corte de los moldes se hace por láser y que a veces el borde puede llegar a molestar, y apliqué la solución que me comentó: al llegar a casa pasé una lima a las zonas del borde que más me rozaban.

Como se dice habitualmente, fue mano de santo. Una vez limados esos bordes, dejaron de molestar y las heridas se solucionaron sin volver a aparecer.

Poco a poco me fui acostumbrando a la rutina de quitármelos para comer, limpiarlos bien tras las comidas y volvérmelos a poner, e incluso a hablar tranquilamente con ellos en la boca (al principio me los quitaba bastante si tenía que hablar extensamente, dar una conferencia, etc).

Así que aunque los principios se me hicieron un poco cuesta arriba, no puedo más que recomendarlo. Llevo más de tres meses con la ortodoncia invisible y hay gente con la que trabajo cada día que aún no se ha dado cuenta de que la llevo.

Los cuidados y el mantenimiento de los alineadores: un lujo

Invisalign

Yo nunca he llevado ortodoncia antes, así que no tengo la posibilidad de comparar con experiencias previas, pero sí he hablado con gente que la llevó y todos coinciden en lo mismo: ojalá hubiera podido hacer lo que haces tú de comer sin “aparato”, lavarlo y volvértelo a poner.

Y es que todo se resume en quitártelos por la mañana para desayunar, lavarte los dientes, limpiar los moldes con el cepillo y un poco de pasta y agua, y volvértelos a poner, repitiendo esta operación para comer, merendar y cenar (o las veces que sea preciso si se va a consumir algo).

Sí es cierto que a medida que pasan los días los alineadores transparentes van cogiendo algo de color blanquecino, pero al ir en los dientes es imperceptible, y además enseguida los tienes que desechar: cuando ya veo que empiezan a estar aún más blancos resulta que ya tengo que ponerme los siguientes, que están completamente nuevos e impolutos. Entonces, paso la lima por donde sé que me pueden hacer daño, me los pongo, y ya estoy de estreno otra vez.