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El sellado de dientes, un arma contra la caries

Los dentistas lo recomiendan sobre todo para los niños con mayor riesgo de desarrollar caries.

La normativa española recoge entre las prestaciones sanitarias del Sistema Nacional de Salud la atención a la salud bucodental y dentro de ella el sellado de fisuras o fosas dentales en la población infantil entre los métodos preventivos. A este método, se unen en el listado de medidas asistenciales la aplicación de flúor tópico y las obturaciones de acuerdo con la financiación y los programas especiales para la salud bucodental de cada año, como se recogió en un decreto ya en el año 1995.

Posteriormente, se ha ido contemplando esta medida en otros decretos, como en los de regulación de la concesión de subvenciones a las comunidades autónomas para la promoción de actividades para la salud bucodental infantil. Por ello, autonomías como la de Madrid y Andalucía, por ejemplo, contemplan el sellado de fosas o fisuras profundas dentales en la cartera de servicios de Atención Primaria a los menores. El sellado de dientes es una medida preventiva. Veamos exactamente de qué se trata.

Qué es el sellado de dientes

Se trata de un procedimiento para evitar la aparición de caries en el que el odontólogo emplea materiales selladores -delgadas capas de resina plástica- que realizan una función de barrera protectora muy eficaz contra la formación de caries. Normalmente, se colocan sobre la superficie molares con la que se mastica, sellando las fisuras, fosas y pequeñas cavidades sanas mediante una resina de plástico, porque son las zonas en las que se crean la mayoría de las caries -entre el 80 y el 90 por ciento de los casos en los dientes posteriores- y el 45 por ciento en los dientes anteriores.

Tras una limpieza a fondo de las piezas a sellar, se recubren sus fosas y fisuras con el material elegido para formar la barrera antibacteriana. Una vez implantadas estas capas protectoras de dientes, el dentista tendrá que comprobar con cierta periodicidad que continúan en su sitio y que no es necesario renovarlas. Se calcula que los selladores tienen una duración media de unos cinco años, pero en caso de caerse, es posible volver a colocarlos.

Para garantizar su durabilidad, que es muy variable dependiendo de las características del menor y su estilo de vida, deben seguirse las siguientes pautas:

  • Una buena higiene bucodental, principalmente con un correcto cepillado y cambiando el cepillo de dientes cada tres meses o cuando las cerdas estén desgastadas o dobladas.
  • Controlar lo que se come, con una dieta baja en azúcar, grasa y sal, evitando sobre todo productos azucarados entre horas; con un elevado consumo de frutas y verduras y optando por la leche y el agua en lugar de refrescos.
  • Complementar con otras medidas, como la aplicación de flúor -un barniz que coloca el dentista sobre los dientes para protegerlos de las caries-.

Fisuras y fosas dentales

Por qué los dentistas aconsejan el sellado de fisuras

Prevenir la aparición de caries es fundamental porque éstas, aunque empiezan dañando el esmalte y la dentina de los dientes por la acción de determinadas bacterias que convierten el azúcar en ácido, pueden llegar a alcanzar el nervio del diente (pulpa), lo cual provoca dolor; pueden generar la pérdida del diente e, incluso, afectar a otros órganos, como el corazón o el hígado. Por ello, los dentistas apuestan por técnicas preventivas como el sellado de las zonas en las que más se producen las caries.

Es una técnica indolora que se puede realizar en una sola visita al odontólogo, quien será el encargado de determinar si es necesaria en el caso de nuestros hijos. Como norma general, nunca se hace en dientes que están saliendo, sino que se espera a que erupcionen por completo para poder practicar el sellado de sus fisuras y fosas. Se suele recomendar a los niños que presentan mayor riesgo de sufrir caries, como por ejemplo:

  • Menores aquejados de minusvalías físicas o mentales.
  • Niños que padecen patologías cardíacas o nefropatías.
  • Pequeños que ya tienen caries en los primeros molares definitivos o en los dientes temporales.

A medida que avanza la medicina y la ciencia, se descubren nuevos pacientes de riesgo de caries. Por ejemplo, una investigación realizada por la Facultad de Odontología de la Universidad de Singapur detectó que los bebés que padecen eccema tienen un riesgo de hasta cuatro veces superior de tener caries a la edad de entre los 2 y los 3 años. También hay evidencia que apunta a que los bebés nacidos por cesárea adquieren antes ‘Streptococcus mutans’, una bacteria asociada al desarrollo de caries dental.

A la hora de determinar los pacientes de riesgo de caries, los especialistas también apuestan por prestar especial atención a la patología de tipo otorrinolaringológica, como amigdalitis, vegetaciones, otitis, que dan lugar a respiración oral; las fiebres altas de repetición que dan lugar a alteraciones de la estructura del esmalte o los casos de reflujo gastroesofágico, que puede dar lugar a deterioro dental, entre otros casos, según la Sociedad Española de Epidemiología y Salud Pública Oral.