Bienestar, Salud

Controla el estrés a través de la meditación

El estrés es una respuesta fisiológica ante factores externos e internos que nos generan un estado de alerta. Así puede gestionarse a través de la meditación.

¿Quién puede no estar estresado en el mundo en el que vivimos? Nos movemos a toda prisa entre el trabajo, la familia, los amigos y el escaso tiempo de ocio que tenemos, y siempre queremos llegar a más cosas y ser mejores en lo que nos propongamos. Y es que la sociedad nos quiere así: tenemos que ser más productivos, mejores padres, mejores atletas, también mejores hijos y mejores amigos… Y esa presión por ser el mejor (y ya sabemos que no todo el mundo puede ser el mejor en todo) acaba por pasarnos factura. Aquí entra en juego el famoso estrés.

¿Qué es el estrés?

Al contrario de lo que muchos puedan pensar, el estrés no es una enfermedad ni una patología; de hecho ni siquiera es un síntoma de que algo vaya mal en nuestro cuerpo. El estrés no es más que una reacción o respuesta fisiológica y biológica de nuestro organismo ante una situación de peligro: no es algo malo de por sí, sino que en ciertas situaciones puede incluso sernos de mucha ayuda, pero si el estado de alerta se mantiene en el tiempo, entonces, se convierte en una enfermedad. Por ejemplo: cuando detectamos un peligro, pongamos que nos vamos al bosque y nos encontramos un oso, nuestro cuerpo entra en esta situación de estrés que nos indica que hay que huir del lugar. En este caso, el estrés es positivo (también conocido como eutrés) y colabora para salir indemne de la situación.

Sin embargo, también podemos encontrarnos con el distrés o estrés negativo: es el que nos causa niveles muy altos de fatiga, ansiedad e irritabilidad. El estrés en sus dos formas, pero especialmente el estrés negativo, causa además inmunodepresión, que lleva a desencadenar respuestas nocivas del organismo, tanto a nivel físico como a nivel emocional.

¿Qué situaciones nos pueden causar estrés y cómo podemos solucionarlas?

Meditación

Las causas o factores desencadenantes del estrés son aquellos estímulos que destruyen el estado de equilibrio de nuestro organismo. Estos factores pueden ser de dos tipos y se clasifican en cuatro categorías: dentro de los factores estresantes internos se encontrarían los estresores biogénicos o mecanismos químicos y físicos que disparan la respuesta al estrés de nuestro organismo, como por ejemplo la nicotina. Dentro de los factores estresantes externos podemos encontrar las otras tres categorías restantes: los estresores únicos (cambios drásticos en el entorno, como un terremoto o una inundación, y son los causantes de episodios de estrés post-traumático), los estresores múltiples (afectan de forma significativa a la vida de una sola persona o de un grupo pequeño, como la muerte de un ser querido) y los estresores cotidianos (alteraciones en la rutina del sujeto).

Todos estos factores desencadenan situaciones de estrés que se exteriorizan de diferentes maneras en nuestro organismo. Una de las más frecuentes y de la que ya hablamos con anterioridad es el bruxismo o el gesto de apretar la mandíbula en exceso, que generalmente se da cuando estamos dormidos (aunque también puede aparecer durante el día). Como ya dijimos, lo importante a la hora de solucionar estos problemas que nos genera el estrés es acudir al origen del mismo: tenemos que identificar el factor estresante y trabajar desde la raíz para poder acabar con las alteraciones físicas que conlleva.

Esto significa que debemos trabajar a un nivel un poco más profundo para solucionar los problemas de estrés. Un ejemplo: el estrés en el ámbito laboral es uno de los más frecuentes entre los adultos y se da cuando la persona siente que es incapaz de dar respuesta a las demandas del entorno y esto se convierte en una constante que se mantiene en el tiempo. El organismo se mantiene en estado de alterta de forma continuada, con las implicaciones negativas que conlleva, y empieza a dar síntomas de este desgaste. Por ejemplo, si estoy muy estresado en el trabajo porque me asignan muchas más tareas de las que puedo llevar a cabo (estresor externo y cotidiano) y a causa de ello sudo en abundancia, lo que me ayudará de verdad es modificar las tareas asignadas o mejorar mi organización, además de tratar directamente la hiperhidrosis.

¿Cómo manejar el estrés a través de la meditación?

Una de las maneras en las que podemos manejar el estrés diario, el que está causado por pequeñas situaciones cotidianas y puede ser el responsable de episodios de ansiedad o irritabilidad, es a través de la meditación. Quizás muchas personas pueden pensar en la meditación como sentarnos en el suelo en silencio, con incienso y unas velas y repetir “Ohm” muchas veces; pero realmente es algo mucho más cercano y accesible de lo que pensamos.

La meditación generalmente se utiliza para relajar la mente, para liberarla de los pensamientos y para que se concentre en el momento presente (lo que actualmente se conoce como mindfulness). A continuación te presentamos tres maneras distintas de eliminar el estrés mediante la meditación con tres grados distintos de profundidad.

Meditación light a través del Zentangle y los colores

Una forma que está muy de moda de liberar a la mente de todos los pensamientos que la rodean es a través del dibujo terapéutico. En estos últimos meses han cobrado importancia dos maneras de llevarlo a cabo: por un lado tenemos el zentangle o dibujo de patrones, en el que se realizan dibujos abstractos en blanco y negro en una hoja de papel, y por otro tenemos la acción de colorear libremente en dibujos previamente creados para ellos (como cuando éramos pequeños, pero ahora se venden libros para adultos).

Estas dos acciones nos ayudan a liberar la mente de los factores estresantes que la rodean y consiguen que nos relajemos dejando la mente en blanco.

Meditación y ejercicio físico a través del Yoga

Meditación

Si piensas que la meditación exige que te encuentres muy quieto, tampoco has acertado. Una de las formas más antiguas de meditación es el Yoga: a través de las diferentes posturas y asanas nos hacemos conscientes del momento presente, del aquí y ahora, de nuestro propio cuerpo y cómo se mueve en el espacio. Se trata de una meditación en movimiento mediante la cual conseguimos echar fuera los estresores que nos acechan y nos centramos solamente en la conjunción de cuerpo y mente.

Dependiendo del tipo de Yoga que practiquemos, se dará a la meditación una importancia mayor o menor durante la sesión. Por ejemplo, en el caso del Ashtanga Yoga la meditación se realiza en movimiento y a través del control de la respiración, mientras que en el Kundalini Yoga, además hay un espacio de tiempo reservado al final de la sesión para dedicarlo exclusivamente a la meditación.

El Pranayama es la meditación para principiantes del Yoga: puedes practicarla en tu propia casa y es muy fácil de seguir. Literalmente, Pranayama quiere decir “control de la energía” y se realiza a través de la respiración consciente y controlada. Una secuencia que podemos llevar a cabo es el Sama Vittri, que significa “igual movimiento” porque iguala el tiempo de las cuatro fases respiratorias: inspiramos por la nariz, retenemos el aire, exhalamos por la nariz y retenemos ahora sin aire, todas las fases durante el mismo tiempo. A través del Sama Vittri se consigue una sedación del sistema nervioso central que nos ayuda a dejar la mente en blanco.