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¿Cómo saber si un resfriado infantil puede ser bronquiolitis?

En invierno y a principios de la primavera la bronquiolitis es una de las patologías más habituales entre los niños. Durante el primer año de vida, alrededor del 70% de los lactantes menores de 12 meses se ven infectados por el Virus Respiratorio Sincitial (VRS), que causa mayoritariamente la bronquiolitis.

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Se trata de una enfermedad de las vías respiratorias cuyos primeros síntomas son similares a los del resfriado común (congestión nasal, mocos, tos y fiebre) y que en pocos días empeora provocando también la respiración sibilante (los conocidos “pitos” al respirar). Asimismo, la bronquiolitis se contagia como un resfriado, a través del contacto cercano, mediante la saliva o los mocos y las partículas que quedan en el aire al toser.

Durante los dos o tres primeros días el niño, probablemente, tendrá la nariz con mucha mucosidad y fiebre baja. Luego es probable que empiece a toser, a respirar rápido y con dificultad y a presentar sibilancias en el pecho durante otros dos o tres días.

Además de los síntomas típicos del resfriado común, el bebé con bronquiolitis también suele presentar:

  • Alteración del pulso cardíaco.
  • Respiración rápida y superficial.
  • Retracciones (hundimiento del cuello y del tórax en cada respiración).
  • Ensanchamiento de las fosas nasales.
  • Irritabilidad, dificultades para dormir y signos de fatiga.

Auscultación para el diagnóstico médico

La bronquiolitis es una infección que desciende hasta los pulmones dañando a los bronquios y que está causada por varias clases de virus, aunque en un 75% de los casos la origina el VRS.

La bronquiolitis afecta principalmente a niños de menos de uno o dos años porque en ellos la parte terminal de los bronquios es lo suficientemente pequeña como para obstruirse ante una inflamación, impidiendo el paso adecuado del aire.

El diagnóstico de esta enfermedad debe determinarlo el médico a través de una auscultación y su duración suele ser de una semana, aproximadamente.

Normalmente el bebé enfermo de bronquiolitis también pierde el apetito e, incluso, puede vomitar después de sufrir los ataques de tos. Si el pequeño no tiene ganas de comer no hay que angustiarse, pero sí hay que intentar que tome la mayor cantidad de líquidos posibles para evitar una deshidratación ante el escenario de vómitos y la escasa alimentación.

Iniciativas que se pueden llevar a cabo en casa

Para facilitar la respiración resulta útil colocar al niño en la posición de medio incorporado y aplicar palmaditas leves y repetidas en la espalda y en el pecho para movilizar las secreciones de moco en los bronquios.

En niños diagnosticados de bronquitis aguda no se recomienda el uso de antibióticos de manera rutinaria, ya que no previenen ni disminuyen la severidad de las complicaciones bacterianas.

En el caso de que el niño sufra un ataque fuerte de tos es aconsejable sentarle en la bañera mientras corre el agua caliente para que el baño se llene de vapor y le facilite la respiración. Asimismo, en todo momento conviene tener las habitaciones bien hidratadas con el uso de humificadores.

El contagio de la bronquiolitis se puede prevenir manteniendo al niño enfermo en casa hasta que se haya ido la tos por completo. Debemos procurar lavarnos las manos después de atender al niño para evitar que el virus se extienda a otras personas.