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Bebé al agua: cuanto antes aprendan a nadar, mejor

La natación para bebés o matronatación es una actividad afectiva, recreativa, placentera y estimulante que beneficia al desarrollo de los pequeños.

La natación para bebés o matronatación es uno de los mejores métodos de estimulación temprana. Aporta muchos beneficios al bebé debido a los componentes físicos y sensoriales que contiene esta actividad, que combina ejercicio físico con juego y placer.

Cuándo puede empezar a nadar un bebé

La edad para comenzar la práctica de esta actividad no está definida. Algunos expertos indican que los bebés están preparados para realizar sus primeros ejercicios en el medio acuático tan pronto como nacen. Otros, en cambio, prefieren recomendar a los padres que esperen hasta que el pequeño tenga al menos 4 ó 6 meses de vida, cuando el sistema inmunológico del niño está más maduro y se reducen las posibilidades de contraer resfriados e infecciones, como la otitis. Por lo general, las clases de matronatación en España están indicadas para bebés a partir de los 6 meses de edad.

Los recién nacidos están dotados de una serie de reflejos que hacen posible su adaptación al medio en que se desenvuelven, en este caso el agua. Los bebés menores de un año se adaptan al agua más rápidamente que los niños mayores. Carecen, por ejemplo, del característico miedo al agua que se va adquiriendo conforme van creciendo y que puede dificultar en muchos de los casos el aprendizaje de la natación.

Desde el nacimiento hasta los 12 meses, los bebés aguantan instintivamente la respiración bajo el agua y se sienten a gusto con la pérdida de gravedad que se experimenta en el medio acuático porque tienen reciente la experiencia dentro del útero materno. A partir de los 12 meses estos reflejos se pierden y aparecen otros necesarios para su supervivencia, como el temor a lo desconocido, por lo que el final del primer año de vida es demasiado tarde para el inicio de la natación para bebés.

Sin embargo, al hablar de natación para bebés, es importante resaltar que tiene poco que ver con lo que la mayoría de personas entienden por aprender a nadar, una actividad que los niños no pueden lograr hasta los 4 ó 5 años. Antes de esta edad, son demasiado pequeños para desarrollar la autonomía necesaria en el agua y carecen de la destreza necesaria para adquirir la coordinación y los movimientos que requiere la natación.

La matronatación se centra en el disfrute, dominio y adquisición de ciertas habilidades. Sus ejercicios van encaminados a conseguir la familiariza­ción con el agua y estrechar los vínculos de confianza del bebé con sus padres, de los que depende en todo momento estando en el medio acuático.

El primer baño del bebé en la piscina

Las piscinas dedicadas a la matronatación están habilitadas específicamente para ser usadas por los bebés en compañía de sus padres. Tanto sus instalaciones como sus aguas están especialmente acondicionadas para ellos, teniéndose en cuenta toda una serie de indicaciones de seguridad, higiene, cloración, temperatura, etcétera, que reducen el riesgo de accidentes e infecciones.

Sin embargo, las piscinas comunes no tienen en cuenta tales aspectos. Por este motivo, es recomendable retrasar el contacto del bebé con ellas hasta los 12 meses de vida, siendo preferible escoger hasta ese momento una piscina de agua salada en lugar de las tradicionales de cloro. Si la piscina es descubierta, debemos proteger al bebé del sol con una crema de protección adecuada para su edad, no exponerlo nunca directamente a los rayos solares, hidratarle con frecuencia, ponerle un gorro y gafas de sol para proteger sus ojos de la radiación solar.

La piscina perfecta para los bebés tiene que ser un entorno tranquilo, sin niños mayores gritando, salpicando y tirándose al agua muy cerca. Es mejor que la piscina no esté muy saturada de gente, porque, de lo contrario, el bebé podría asustarse y asociar la piscina a sensaciones peligrosas o negativas.

Escoger el momento más adecuado para el primer contacto del niño con la piscina también es importante para que la experiencia sea satisfactoria y gratificante. Debemos procurar que el bebé no tenga hambre ni sueño y evitar las horas centrales del día en las que hace demasiado calor y aumenta el riesgo de deshidratación.

Lo más recomendable es meter al bebé en el agua poco a poco. Primero mójale los pies, las piernas y los brazos con las manos y luego sumérgele en el agua despacio y sujetándole muy bien contra el pecho o por las axilas. No debemos dejar nunca a un bebé solo en el agua ni soltarle ni un segundo. Aunque tenga los manguitos, un flotador o esté encima de una colchoneta, podría hundirse o moverse y caer al agua con mucha facilidad.

Si el baño está siendo de su agrado, una vez que el pequeño esté dentro de la piscina, podemos jugar en el agua con él. A los bebés les encanta chapotear y es una experiencia muy bonita para el bebé disfrutar del agua con sus papás, compartiendo risas y frases cariñosas.

Es mejor que el primer baño del bebé en la piscina no dure más de 10 ó 15 minutos para que no coja frío ni se canse. Podemos ir ampliando el tiempo de permanencia en el agua a medida que el pequeño va creciendo o se va a acostumbrando al medio acuático. Si en algún momento empieza a llorar, sácalo del agua y vuelve a intentarlo más tarde u otro día. Bañarse tiene que ser una experiencia placentera, no una tortura. Si lo pasa mal la primera vez, no querrá repetir.

En caso de rechazo, reacción de pánico o llanto, aléjale del agua y quédate en un lugar en el que pueda observar la actividad circundante desde una zona segura. Así podrá irse familiarizando con el entorno. Poco a poco, su innata curiosidad le hará querer investigar y querrá acercarse cada vez más al agua.

Cuando salgáis del agua, ten a mano una toalla para secar al bebé de inmediato. Cámbiale el bañador y el pañal de agua por otros nuevos y ponle ropa seca para que no se le irrite la piel ni coja frío.

La primera experiencia del bebé en el mar

Aunque básicamente podemos aplicar las mismas recomendaciones, al ser un entorno diferente hay ciertos matices que conviene tener en cuenta para que el primer baño del bebé en el mar sea una experiencia segura y agradable para el pequeño.

En primer lugar, debemos comprobar mediante una prudente exposición gradual si tolera bien el salitre. Aunque el agua clorada de las piscinas es más perjudicial para la piel del bebé que el agua de mar y ésta suele ser beneficiosa en caso de eczemas y dermatitis, en algunos casos puede empeorarlos.

El mar puede resultar más traicionero que las tranquilas aguas de una piscina debido a la capacidad de arrastre del oleaje. Por este motivo, en la playa debemos extremar las precauciones y la vigilancia. Si el mar está picado, permanecer en la orilla puede resultar falsamente seguro. Atender a las recomendaciones de los socorristas y alejar al niño del agua en caso de que haya bandera roja son los primeros requisitos que debemos tener en cuenta.

Si el mar está sereno, una buena aproximación al mar puede incluir una buena dosis de juegos en la orilla de la playa. Podemos jugar con el bebé en la arena o las olas más cercanas a la orilla para conseguir que se vaya mojando los pies y el resto del cuerpo, poco a poco. Sin embargo, evita acercarte con el bebé a la orilla si hay niños corriendo, salpicando o gritando que puedan empujar o mojar al bebé.

Dentro del agua, no debemos adentrarnos nunca demasiado con el bebé en el mar. Lo mejor es permanecer en todo momento cerca de la orilla, abrazándole o sujetándole firmemente. Sobre la arena, también debemos extremar los cuidados y escoger un lugar lo suficientemente alejado del agua para permanecer con el bebé fuera de ella. De esta forma, será más difícil que se adentre solo gateando en ella sin quererlo.

Si el niño muestra desconfianza o temor, podemos habilitar una pequeña piscina hinchable en la arena bajo la sombrilla y llenarla con unos centímetros de agua de la ducha o del mar para que pueda refrescarse, jugar tranquilamente con sus juguetes y chapotear un poco. Siempre conviene que el bebé sea ya capaz de sentarse por sí mismo y ha de permanecer vigilado en todo momento.

Beneficios y ventajas del agua y de nadar para un bebé

Para los bebés, el contacto con el agua es una de las formas más divertidas de estimulación temprana. Además, el contacto con el medio acuático no supone para ellos un gran impacto, ya que tienen sensaciones similares a las útero materno en el que han vivido nueve meses rodeados de un ambiente líquido. Por esta causa, es frecuente que la mayoría de los bebés se sienta como “pez en el agua” cuando entra a una piscina.

En el agua, los bebés pueden moverse libremente, ejercitar su musculatura, desarrollar su motricidad gruesa y la confianza en sus capacidades. Si a todo esto sumamos los juegos y la compañía de sus papás, la experiencia resulta sin duda enriquecedora para ellos.

Pero, además, la práctica de la natación a edades tempranas tiene múltiples beneficios para los más pequeños de la casa. Algunos de ellos son los siguientes:

  • Ayuda al bebé a sentirse más seguro. Familiarizarse con el agua a una edad temprana aumenta las posibilidades del niño de desenvolverse con soltura y confianza en este entorno.
  • Desarrollo psicomotor. El bebé que aún no camina, encuentra en el agua la posibilidad de moverse tridimensionalmente con mucha mayor libertad y continuidad de movimiento. El medio acuático les permite adquirir nociones de espacio, desplazamiento y distancia a una edad muy temprana, lo que favorece su coordinación motriz. El ejercicio en el agua también mejora su coordinación y equilibrio, incrementa su fuerza y desarrollo muscular, así como sus habilidades motrices.
  • Fortalecimiento del sistema cardiorrespiratorio. La natación fortalece el corazón y los pulmones. El trabajo respiratorio que se realiza en el agua aumenta la eficiencia de la oxigenación y el transporte de la sangre.
  • Ayuda al sistema inmunológico. El medio acuático permite al bebé incrementar sus defensas.
  • Aumenta el coeficiente intelectual. Los bebés que han hecho natación en los 2 primeros años de vida desarrollan una percepción mayor del mundo que los rodea. Esto les permite aprender antes y ser más creativos y observadores. Además, el agua estimula la capacidad de juego del niño y esto repercute muy positivamente en su aprendizaje.
  • Mejora y fortalece la relación afectiva y cognitiva entre bebé-mamá-papá. A menudo éste se resalta como el objetivo más importante de la matronatación: la capacidad de reforzar el vínculo de amor y confianza entre la madre/padre y el bebé. Los bebés dependen por completo de sus papás en el agua. Sus brazos les aportan seguridad y en el agua obtienen la completa atención y compañía de sus padres en todo momento. Además, la realización de ejercicios en el agua conlleva a que la familia comparta experiencias ricas y profundas que no sucederán de otra forma. Todo esto ayuda al bebé a generar vivencias positivas y favorece el conocimiento mutuo bebé/madre/padre.
  • Favorece la socialización del bebé de forma positiva en un ambiente lúdico. La convivencia en la piscina con otros niños le ayudará a relacionarse mejor, además de que aprenderá a trabajar en equipo compartiendo y realizando actividades y juegos. Un niño familiarizado con la compañía de personas adquiere más confianza para comunicarse y desarrollarse en grupo.
  • Desarrolla habilidades vitales de supervivencia. En las clases de natación para bebés, los pequeños aprenden a aguantar la respiración bajo el agua y a girarse sobre su espalda y flotar ante una caída al agua.
  • Ayuda al bebé a relajarse. Las características físicas del agua, junto con el ejercicio físico en este medio favorecen la relajación y el sueño del bebé.
  • Abre el apetito. Como todo ejercicio físico, nadar aumenta el apetito.
  • Favorece su desarrollo general. Al mejorar su condición física y psicológica, su descanso y sus habilidades, el ejercicio en el agua favorece el crecimiento y desarrollo de los más pequeños.

Precauciones y peligros que debemos tener en cuenta

Según la Asociación Española de Pediatría, existe riesgo de que los bebés y niños más pequeños presenten estos problemas y enfermedades relacionados con la natación:

  • Hiperhidratación por la ingesta de agua.
  • Conjuntivitis química por cloro, infecciosa vírica o bacteriana.
  • Infección molluscum contagiosum (infección de la piel a modo de verruga que se propaga por la piel y es especialmente contagiosa en piscinas).
  • Infecciones de los pies por hongos.
  • Infección de la piel de la espalda por hongos.
  • Diarreas.
  • Posibles problemas respiratorios debido al exceso de cloro.
  • Quemadura solar en las piscinas al aire libre (con el consiguiente riesgo ulterior de cáncer de piel).
  • Traumatismos.
  • Ahogamiento con riesgo de lesiones cerebrales graves y permanentes o de fallecimiento.

Sin embargo, a pesar de estos riesgos, la AEP no desaconseja la natación con bebés debido a sus múltiples beneficios. En su lugar, remarca la importancia de atender adecuadamente a los niños en el agua y escoger piscinas especialmente preparadas para bebés para minimizar los riesgos.

Clases de natación para bebés

El objetivo de las clases de matronatación no es enseñar a los bebés a nadar, sino prepararles para ese aprendizaje y acostumbrarles a disfrutar en el agua. Cada escuela de natación tiene sus propias reglas, pero el promedio de tiempo para este tipo de clases varía entre 30-45 minutos, 2 ó 3 veces a la semana dependiendo de la edad de los niños que integran el grupo.

Las sesiones son cortas debido a que la actividad en el agua equivale aproximadamente a repetir el mismo ejercicio cuatro veces en tierra. Como los ejercicios acuáticos requieren mucho esfuerzo muscular, la mayoría de los instructores recomiendan comenzar con clases de 15 minutos.

Los ejercicios de matronatación siempre están supervisados por especialistas y cuentan con la participación de los padres, que se bañan siempre con sus bebés. Consisten, sobre todo, en la realización de juegos con materiales recreativos y didácticos como pelotas, tablas, aros y flotadores para lograr el equilibrio y fortalecer el tono muscular, el aparato circulatorio y el sistema óseo.

También se practican ejercicios de adaptación, desplazamiento y flotación. Uno de los primeros ejercicios que se realizan para comenzar la adaptación en el agua de los más pequeños consiste en acunar con los brazos al bebé y pasearlo por el agua, manteniendo siempre el contacto con él para generarle seguridad y confianza.

En cualquier caso, tanto si optamos por llevar al bebé a la piscina o a la playa o preferimos que vaya a clases de matronatación, no debemos olvidar que la primera experiencia del bebé en el agua es siempre dentro de casa. Podemos irle preparando para su primer baño fuera del hogar realizando con él ejercicios en el agua de la bañera para aumentar el placer y el gusto del pequeño por el medio acuático y prepararle de cara a sus próximas experiencias en este terreno.